"A ¿España? ¿servir? ¿hasta morir?"
El teniente general jefe de la fuerza terrestre del ejército (o sea, el número 2 al mando del ejército de tierra) cometió ayer una gran imprudencia: recordar que la obligación de las fuerzas armadas es defender la constitución y la integridad territorial de España -¿o era el estado español?-, en referencia al fraude del estatuto de Cataluña. Como castigo a semejante osadía, Bono (el de U2 no, el otro) ya ha programado su destitución. Hasta aquí todo normal: un militar recuerda la lealtad a la constitución, los sociatas se escandalizan, los nazionalistas se rasgan las vestiduras, el PP calla como una zorra y la cabeza del susodicho militar rueda. Nada a lo que no estemos acostumbrados.
A lo que no estamos tan acostumbrados es a que, ante unas declaraciones como estas, sea el JEMAD (o sea, el número 1 al mando de los ejércitos a todos los efectos) el que primero se escandalice de ellas. Así pues, parece que a este señor le molesta que le recuerden cuál es su deber. Quizás prefiera que todo el ejército permanezca calladito mientras políticos de tres al cuarto desmantelan lo que se ha conseguido en España en los últimos 30 años, o quizás prefiere mantenerse al márgen de cualquier controversia y seguir calentando el sillón que tan generosamente le han concedido a cambio de su complacencia. O quizás sencillamente es que no está de acuerdo con la defensa de la constitución. Para echarse a temblar...
Ya se sabía que este gobierno, sus socios y la gente que los sustenta a ambos nunca han esperado gran cosa del ejército, salvo su silencio, su sumisión y tal vez su desmantelación. Sin embargo ¿qué podemos esperar de semejante personaje, los que aún queremos creer que nuestro ejército es algo más que el balancín propagandístico del pacifismo hipócrita o del antiamericanismo paleto? ¿cómo podemos confiar en que nuestros militares se dediquen a defender los intereses de España, cuando su máximo responsable se avergüenza de tener que hacerlo?
Hay pocas cosas peores que ser un vendido, pero aún es peor ser un vendido al servicio de quienes te ningunean, te utilizan y te ridiculizan.
A lo que no estamos tan acostumbrados es a que, ante unas declaraciones como estas, sea el JEMAD (o sea, el número 1 al mando de los ejércitos a todos los efectos) el que primero se escandalice de ellas. Así pues, parece que a este señor le molesta que le recuerden cuál es su deber. Quizás prefiera que todo el ejército permanezca calladito mientras políticos de tres al cuarto desmantelan lo que se ha conseguido en España en los últimos 30 años, o quizás prefiere mantenerse al márgen de cualquier controversia y seguir calentando el sillón que tan generosamente le han concedido a cambio de su complacencia. O quizás sencillamente es que no está de acuerdo con la defensa de la constitución. Para echarse a temblar...
Ya se sabía que este gobierno, sus socios y la gente que los sustenta a ambos nunca han esperado gran cosa del ejército, salvo su silencio, su sumisión y tal vez su desmantelación. Sin embargo ¿qué podemos esperar de semejante personaje, los que aún queremos creer que nuestro ejército es algo más que el balancín propagandístico del pacifismo hipócrita o del antiamericanismo paleto? ¿cómo podemos confiar en que nuestros militares se dediquen a defender los intereses de España, cuando su máximo responsable se avergüenza de tener que hacerlo?
Hay pocas cosas peores que ser un vendido, pero aún es peor ser un vendido al servicio de quienes te ningunean, te utilizan y te ridiculizan.


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